“Si los restos de mis Ejércitos me han seguido hasta este final momento, es porque sabían que yo, su Jefe, sucumbiría con el último de ellos en este mi último campo de Batalla”.
El vencedor no es el que queda con vida en el campo de batalla sino el que muere por una causa justa y bella.
Seremos vilipendiados por una generación surgida del desastre, que llevará la derrota en el alma y en la sangre, como un veneno, el odio del vencedor.
Pero vendrán otras generaciones y nos harán justicia aclamando la grandeza de nuestra inmolación.
Yo seré más escarnecido que vosotros, seré puesto fuera de la Ley de Dios y de los hombres, se me hundirá bajo el peso de montaña y de ignominia.
Pero también llegará mi día y surgiré de los abismos de la calumnia para ir creciendo a los ojos de la posteridad, para ser lo que necesariamente tendré que ser en las páginas de la historia”.